Familia sin nombre
Familia sin nombre Bastaba ver su traje para conocer que pertenecía al partido que luchaba por la independencia nacional, pues vestía, poco más o menos, como aquellos intrépidos aventureros, a los que dan todavía el nombre de corredores de los bosques. Llevaba en la cabeza la tuque azul, y su traje se componía de una especie de capote cruzado sobre el pecho, de un pantalón de una tela gris muy basta, sujeto a la cintura por una faja encarnada, productos todos del país.
Nuestros lectores no habrán olvidado que el uso de esas telas indígenas equivalía a una protesta política, puesto que excluía los productos fabriles importados de Inglaterra. Era una de las mil maneras que tenían los patriotas de desafiar la autoridad metropolitana, y este ejemplo databa de muy atrás.
En efecto, ciento cincuenta años antes, los habitantes de Boston, para demostrar su odio a la Gran Bretaña, prohibieron el uso del té. Lo mismo que éstos, los canadienses no querían aprovecharse de ningún producto que fuese fabricado en el Reino Unido, para diferenciarse de los leales.