Familia sin nombre
Familia sin nombre En cuanto al Sr. Nick, como neutral, llevaba una levita de procedencia inglesa y un pantalón fabricado en el paÃs; pero en el patriótico traje de Lionel no habÃa entrado un solo hilo que no hubiera sido hilado en el territorio por cuya independencia tantos en aquel momento suspiraban. El coche corrÃa con bastante rapidez por aquel suelo asaz desigual de las llanuras que se desarrollan a través de la isla de Montreal hasta el curso del San Lorenzo. El tiempo parecÃa muy largo al Sr. Nick, tan locuaz por naturaleza; y como el desconocido no parecÃa dispuesto a tomar la palabra, el notario no tuvo más remedio que contentarse con hablar con Lionel, esperando que su compañero de viaje concluirÃa por mezclarse en la conversación.
—¡Vamos, Lionel!, —dijo—, ¿y ese fuego fatuo?
—¿Qué fuego fatuo…? —respondió el joven pasante.
—Por más que me canse la vista, no veo rastro de él en la llanura.
—Porque es de dÃa, Sr. Nick, —contestó Lionel, muy decidido a responder en tono de chanza.
—Puede ser que cantando la antigua copla de antaño:
¡Vamos, alegrÃa, compadre trasgo!
¡Vamos, alegrÃa, querido vecino…!