Familia sin nombre
Familia sin nombre —Pero no, el compadre no responde. A propósito, Lionel: ¿conoces tú el medio de librarse de las diabluras de los fuegos fatuos?
—SÃ, señor; basta preguntarles cuál es la fecha de Navidad, y como la ignoran, hay tiempo de huir mientras buscan una respuesta.
—Veo que estás al corriente de las tradiciones. Pues bien; mientras que uno de ellos nos intercepta el camino, si hablásemos algo del que tienes escondido en el bolsillo…
Lionel se ruborizó.
—¡Queréis, Sr. Nick…! —replicó.
—SÃ, muchacho, quiero que me lo leas; esto nos entretendrá un rato.
Y dirigiéndose al taciturno viajero:
—¿No os incomodará oÃr leer versos, caballero? —preguntó sonriendo.
—De ningún modo, —respondió el joven.
—Se trata de una poesÃa que mi pasante ha hecho para tomar parte en el concurso de la Lira Amical. Estos muchachos no dudan de nada… Vamos, joven poeta, ensaya tu pieza, como dicen los artilleros.
Lionel, muy satisfecho por tener un oyente que acaso fuera más tolerante que el notario, sacó el pliego azulado de su bolsillo y leyó lo que sigue:
Un individuo avanzó hacia el vehÃculo.