Keraban el testarudo
Keraban el testarudo —Y mucho mejor es —añadió Kerabán— no tener ninguna mujer.
Después de esta última observación la conversación quedó interrumpida.
El carruaje llegaba entonces a una casa de postas. Se relevó y anduvieron toda la noche. A la mañana siguiente, hacia el mediodÃa, los viajeros, bastante fatigados, pero, a instancias de Ahmet, decididos a no perder una hora, después de haber pasado por Bolschi-Kopani y Kalanchak, llegaban a la provincia de Perekop, en el fondo del golfo de su nombre, en la confluencia misma del istmo que une a Crimea con la Rusia meridional.