Keraban el testarudo
Keraban el testarudo EN EL QUE EL INTENDENTE SCARPANTE Y EL CAPITÁN YARHUD HABLAN DE PROYECTOS QUE CONVIENE CONOCER
En el instante mismo en que Van Mitten y Bruno seguían el muelle de Top-Hané, del lado del primer puente de barcas de la Sultana, que pone en comunicación a Galata con la antigua Estambul a través del Cuerno de Oro, un turco volvía rápidamente la esquina de la mezquita de Mahmud y se detenía en la plaza.
Acababan de dar las seis. Por cuarta vez, durante el día, los muecines se asomaban a los balcones de los minaretes, cuyo número, en las mezquitas de fundación imperial, no es nunca menor de cuatro. Sus voces habían resonado por encima de la ciudad, llamado a los fieles a la oración, y lanzando al espacio la consagrada fórmula de; ¡La Ilah il Allah vé Mohamed result Allah! (No hay más Dios que Alá, y Mahoma es su profeta).
El turco se volvió un instante, dirigió su vista hacia los pocos paseantes que por la plaza circulaban, inspeccionó con visibles muestras de impaciencia el eje de las calles que desembocaban en aquélla, cual si tratara de ver llegar una persona, que, sin duda alguna, aguardaba.
—¡Ese Yarhud no llegará nunca! —murmuró—. Sabe, sin embargo, que debe encontrarse aquí a la hora convenida.
