Keraban el testarudo
Keraban el testarudo —TÃo —dijo entonces Ahmet—, serÃa inútil en este momento buscar a ese Saffar.
—¿Y por qué, sobrino?
—Esta persona no está en Poti —repuso Ahmet—. Cuando llegamos, acababa de embarcarse en el paquebote que hace el servicio por el litoral de Asia Menor.
—¡El litoral del Asia Menor! —exclamó Kerabán—. Pero nuestro itinerario no sigue por ese litoral.
—En efecto, tÃo.
—Pues bien; si el infame Saffar —respondió Kerabán— se encuentra en mi camino, Valla-billah tielah. ¡Desgraciado de él!

Después de haber pronunciado aquel juramento a Alá, Kerabán no podÃa decir ya nada más terrible; y se calló. Pero ¿cómo viajarÃan, puesto que faltaba el carruaje a los viajeros? Siguiendo el camino a caballo, lo que no podÃa proponerse formalmente a Kerabán. Su corpulencia no se lo permitÃa. Si él hubiese sufrido a caballo, estamos seguros de que el caballo hubiera sufrido más. Se convino, por lo tanto, en que irÃan a Choppa, la aldea más próxima. No tenÃan que andar más que algunas verstas y Kerabán las andarÃa a pie, lo mismo que Bruno, que estaba de tal manera molido que no hubiera podido montar.
—¿Y esa petición de dinero de la que debéis hablarle? —dijo a su amo aparte.