La casa de vapor
La casa de vapor No se había olvidado resolver la importante cuestión de las provisiones. Llevábamos conservas escogidas, suficientes para alimentar a todo nuestro personal durante un año. Lo que más abundaba eran cajas de conservas de carne de las mejores marcas, principalmente de vaca cocida, y pasteles de una especie de pollos llamados murghis, cuyo consumo es muy considerable en toda la península india.
Tampoco debía faltamos la leche para el desayuno que precede al almuerzo, ni el caldo para el tiffin que precede a la comida de la tarde, gracias a las nuevas preparaciones que permiten transportarlos a grandes distancias en estado concentrado.
La leche, en efecto, se somete primero a la evaporación hasta que toma una consistencia pastosa y después se la cierra herméticamente en cajas, que pueden contener cuatrocientos cincuenta gramos y proporcionar tres litros de líquido, añadiéndole cinco veces su peso de agua. En estas condiciones, la leche es idéntica por su condición a la leche normal y de buena calidad. Lo mismo se hace con el caldo, el cual, después de haber sido conservado por medios análogos y reducido a pastillas, sirve, agregándole agua caliente, para hacer exquisitas sopas.