La casa de vapor
La casa de vapor El segundo coche, de doce metros de longitud, poseía, como el primero, un balcón con galería y una gran cocina con dos despensas laterales, y abundantemente provistas. Esta cocina se comunicaba con un corredor que en su parte central terminaba en un cuadrilátero destinado para comedor de la familia y que recibía la luz por una claraboya en el techo. En los cuatro ángulos había otros tantos gabinetes ocupados por el sargento MacNeil, el maquinista, el fogonero y el ordenanza del coronel Munro. Después venían otros dos gabinetes en la parte posterior, destinados uno al cocinero y otro al asistente del capitán Hod; y, por último, había otros cuartos que servían de armería, de depósito de hielo, de almacén, etc., y que daban al balcón de la última galería.
Como puede verse, Banks había dispuesto, inteligente y cómodamente, las dos habitaciones de la «Casa de Vapor». Durante el invierno podían ser caldeadas por medio de un aparato, cuyo aire caliente, suministrado por la máquina, circulaba a través de las habitaciones, sin contar dos pequeñas chimeneas, instaladas en el salón y en el comedor. Podríamos, pues, desafiar los rigores de la estación fría hasta en las primeras estribaciones de las montañas del Tibet.