La casa de vapor

La casa de vapor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Señor Maucler —me dijo el sargento MacNeil—, esto me recuerda los últimos días de mayo, cuando sir Hugh Rose, solo con una batería de dos piezas, trató de abrir brecha en el recinto de Lucknow. Hacía dieciséis días que habíamos pasado el Betwa y en todo este tiempo no habíamos quitado una sola vez el freno a los caballos. Peleábamos entre enormes murallas de granito, lo que era lo mismo que si estuviésemos entre las paredes de ladrillo de algún alto horno. Por nuestras filas pasaban los chitsis que llevaban agua en odres, y mientras disparábamos nos la vertían sobre la cabeza, sin lo cual habríamos caído asfixiados. Me acuerdo muy bien: yo estaba medio muerto; parecía que mi cráneo iba a estallar, y hubiera caído en tierra si el coronel Munro, que me había visto, no hubiese arrancado un odre de las manos de un chitsi y lo hubiera vertido sobre mí; y vea usted, aquel odre era el último que los chitsis habían podido proporcionarse. Eso no se olvida nunca, amigo mío. Yo entonces prometí a mi coronel gota de sangre por gota de agua. Aunque hubiera dado yo toda la mía, aún le hubiera quedado deudor.

—Sargento MacNeil —pregunté yo—, ¿no cree usted que desde que salimos de Calcuta, el coronel Munro parece más pensativo que de costumbre?



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker