La casa de vapor
La casa de vapor —Es que nuestro Gigante de Acero ha producido su efecto habitual —exclamó el capitán Hod—. Habrán sabido que habÃa en las inmediaciones un elefante gigantesco, un coloso nunca visto, y han venido a admirarle.
—¡Con tal que se limiten a la admiración! —respondió el ingeniero moviendo la cabeza.
—¿Qué temes, Banks? —preguntó el coronel Munro.
—Temo que esos fanáticos nos impidan el paso y fastidien nuestra marcha.
—En todo caso, ten prudencia. Con semejantes devotos, todas las precauciones son pocas.
—En efecto —respondió Banks. Después, llamando al fogonero, le dijo—: Kaluth, ¿está dispuesto todo?
—SÃ, señor.
—Pues bien, enciende.
—SÃ, enciende, Kaluth —exclamó el capitán Hod—. Calienta la caldera, Kaluth, y que nuestro elefante escupa a esos peregrinos su aliento de humo y de vapor.