La casa de vapor
La casa de vapor Esto fue lo que me refirió Banks antes de mi llegada a Cawnpore. El coronel se dirigía, pues, al mismo sitio en que se había realizado aquella horrible matanza.
Pero antes quiso volver a ver el bungalow donde había vivido lady Munro, donde había pasado su juventud, donde la había visto y abrazado por última vez.
Este bungalow estaba situado a cierta distancia de los arrabales, no lejos de la línea de los acantonamientos militares. Todo lo que de él quedaba eran ruinas, lienzos de pared, todos ennegrecidos, y algunos árboles derribados y chamuscados. El coronel no había permitido que se reparase nada; el bungalow estaba, al cabo de seis años, tal como lo había dejado la mano de los incendiarios.
Pasamos una hora en aquel lugar de desolación. Sir Edward Munro paseaba silencioso a través de las ruinas, que despertaban en él tantos recuerdos. Su pensamiento evocaba toda aquella existencia de felicidad que había desaparecido para siempre. Volvía a ver a la joven, feliz en aquella casa donde había nacido, donde se habían conocido, y algunas veces cerraba los ojos para verla mejor.
Al fin hizo un movimiento brusco, como si hubiera querido hacerse violencia. Volvió hacia nosotros y nos llevó fuera de aquel recinto.