La casa de vapor
La casa de vapor El pozo en que reposan los despojos mortales de las pobres mujeres y niños asesinados por orden del malvado Nana Sahib será rellenado de tierra y cubierto con cuidado en forma de sepulcro. Un destacamento de soldados europeos mandados por un oficial se encargará de cumplir este piadoso deber. Las casas y las habitaciones donde se ha cometido el asesinato no serán limpiadas ni blanqueadas por los compatriotas de las vÃctimas. El brigadier quiere que cada gota de sangre inocente sea limpiada y lamida por la lengua de los reos, antes de la ejecución, proporcionalmente a su categorÃa de casta y a la parte que han tomado en el crimen. En consecuencia, todo sentenciado, después de haber oÃdo la lectura de su sentencia de muerte, será conducido a la casa donde se perpetraron los asesinatos y será obligado a limpiar con la lengua una parte del suelo. Se tendrá cuidado de que esta tarea sea lo más repugnante posible a los sentimientos religiosos del reo, y el preboste usará del látigo, si fuere necesario, para obligarlos. Cumplida esta tarea, se ejecutará la sentencia en la horca levantada cerca de la casa.
»Tal fue —dijo Banks, conmovido—, aquella orden del dÃa, que se ejecutó puntualmente. Pero las vÃctimas ya no existÃan; habÃan sido degolladas, mutiladas, destrozadas; y, cuando el coronel Munro, que llegó dos dÃas después, quiso buscar los restos de su mujer y de su suegra, no encontró nada.