La casa de vapor
La casa de vapor —Sin embargo —dijo Banks—, hay también en el norte ciudades muy interesantes, como Delhi, Agra, Lahore…
—¡Bah, amigo Banks! —exclamó Hod—. ¿Quién ha oÃdo hablar de esos miserables villorrios?
—¡Miserables villorrios! —respondió Banks—. No, amigo Hod, son ciudades magnÃficas. No tenga usted cuidado, amigo mÃo —añadió volviéndose hacia m×, trataremos de enseñárselas a usted, sin destruir los planes de campaña del capitán.
—En hora buena —respondió este—, pero solamente desde hoy comienza nuestro viaje. —Después, con voz fuerte, exclamó—: ¡Fox!
El asistente acudió.
—Presente, mi capitán.
—¡Fox! Dispón los fusiles, las carabinas y los revólveres.
—Están en orden.
—Visita las baterÃas.
—Están visitadas.
—Prepara los cartuchos.
—Ya lo están.
—¿No falta nada?
—Nada.
—Que todo esté a punto.
—Está.