La casa de vapor
La casa de vapor —Un prĂłximo cambio de tiempo —dijo Banks—. Estamos en los primeros dĂas de junio, en los cuales se producen modificaciones climáticas. La variaciĂłn del monzĂłn va a traer la estaciĂłn de las lluvias.
—Mi querido Banks —dije yo—, estamos en sitio cerrado y cubierto; por consiguiente, que venga la lluvia; aunque fuese un diluvio, que parecerĂa preferible a estos calores.
—Quedará usted satisfecho, mi querido amigo —respondió Banks—. Creo que la lluvia no está lejos y que pronto veremos subir las nubes del suroeste.
Banks no se engañaba. Al anochecer, el horizonte occidental comenzĂł a cargarse de vapores, lo que indicaba que el monzĂłn, como sucede con frecuencia, iba a establecerse durante la noche. El ocĂ©ano ĂŤndico nos enviaba, a travĂ©s de la penĂnsula, sus brumas saturadas de electricidad, como otros tantos odres del dios Eolo, que contenĂan el huracán y la tormenta.