La casa de vapor

La casa de vapor

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Los bananeros gigantes de la flora india son verdaderos abuelos, digámoslo así, jefes de la familia vegetal, que están rodeados de sus hijos y nietos. Estos, brotando de una raíz común, suben rectos en torno del tronco principal, del cual están completamente separados, y van a perderse entre las altas ramas paternas como para abrigarse bajo aquel espeso follaje, como los pollos bajo el ala de su madre. De aquí el curioso aspecto que presentan estos bosques seculares. Los árboles viejos parecen columnas aisladas que sostienen la inmensa bóveda, cuyas aristas se apoyan en jóvenes bananeros, que a su vez se convertirían en columnas algún día.

Aquella noche se organizó el campamento de un modo más completo que de ordinario. Y si el día siguiente debía ser tan caluroso como el que acabábamos de pasar, Banks se proponía prolongar el alto y viajar durante la noche. El coronel Munro se complacía en pasar algunas horas en aquel hermoso bosque tan sombrío y tan tranquilo. Todos habíamos aceptado su parecer; los unos porque tenían necesidad verdaderamente de descanso, y los otros porque querían ver si encontraban por fin algún animal digno del fusil de un cazador experimentado. Ya se sabe quiénes eran estos últimos.

—Fox, Gumí, no son más que las siete —dijo el capitán—. Demos una vuelta por el bosque antes que se haga de noche. ¿Nos acompañará usted, Maucler?


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