La casa de vapor
La casa de vapor —Mi querido Hod —dijo Banks antes de que yo pudiera responder—, hará usted bien en no alejarse del campamento. El cielo está muy amenazador; si la tempestad se desencadena, les costará a ustedes trabajo volver. Mañana, si estamos aquÃ, podrán…
—Mañana será de dÃa —contestó el capitán—, y ahora la ocasión es propicia para intentar la aventura.
—Lo sé, Hod; pero la noche que se prepara no tiene nada de agradable. En todo caso, si persiste usted en marchar, no se aleje mucho. Dentro de una hora la noche será muy oscura y tendrán ustedes dificultades para volver al campamento.
—No tenga usted cuidado, Banks; son apenas las siete y no pido a mi coronel más que una licencia de dos horas.
—Vaya usted, mi querido Hod —respondió sir Edward Munro—, pero tenga en cuenta los consejos de Banks.
—SÃ, mi coronel.
El capitán Hod, Fox y GumÃ, armados de excelentes carabinas de caza, salieron del campamento y desaparecieron bajo los altos bananeros de la derecha del camino.
Como estaba tan fatigado por el calor de aquel dÃa, yo preferà quedarme en la «Casa de Vapor».