La casa de vapor
La casa de vapor En aquel momento se desencadenó una especie de huracán con extrema violencia, desgarrando las cimas de los árboles, oblicuando hacia el suelo y ululando a través de los troncos de los bananeros, como si hubiera atravesado los tubos sonoros de un órgano.
Los dos ojos del Gigante de Acero prolongaban su haz luminoso a través de la sombra.
Una granizada de ramas muertas y un aluvión de hojas arrancadas llenó el camino. La techumbre de la «Casa de Vapor» resonó como un quejido lastimero bajo aquel alud que producÃa un ruido continuo.
Fue preciso ponemos a cubierto en el salón y cerrar todas las ventanas. Pero aún no caÃa lluvia ninguna.
—Es una especie de tifón —dijo Banks.
Los indios dan este nombre a los huracanes impetuosos y repentinos que devastan más particularmente las regiones montañosas, y son muy temidos en el paÃs.
—¡Storr! —gritó Banks, dirigiéndose al maquinista—. ¿Has cerrado bien las ventanas de la torrecilla?
—SÃ, señor —respondió el maquinista—; no hay nada que temer.
—¿Dónde está Kaluth?
—Acaba de cargar de combustible el ténder.