La casa de vapor
La casa de vapor —Mañana —añadió el ingeniero—, para recoger combustible no tendremos más trabajo que bajar por él; el viento se ha hecho leñador y nos ahorra el trabajo de cortar leña. Mantén la presión, Storr, y después vuelve a ponerte a cubierto.
—Al instante.
—¿Están llenos los baldes, Kaluth? —preguntó Banks.
—SÃ, señor —respondió el fogonero—. El repuesto de agua está completo.
—Bien; entra, entra.
El maquinista y el fogonero entraron a los pocos instantes en el segundo carruaje.
A la sazón, los relámpagos eran frecuentes y la explosión de las nubes eléctricas despedÃa un sordo y prolongado ruido. El tifón no habÃa refrescado la atmósfera; era un viento tórrido, un soplo abrasador que quemaba como si hubiera salido de la boca de un horno.