La casa de vapor
La casa de vapor EscupÃamos fuego, para emplear la expresión que ha servido para caracterizar este fenómeno, raras veces observado, pero siempre espantoso. A la verdad, en medio de aquella conflagración continua, fuego en el interior, fuego en el exterior, entre el redoble de los truenos acentuados por los estallidos de las exhalaciones, el corazón más firme no podÃa menos de acelerar sus latidos.
—¿Dónde estarán? —dijo el coronel Munro.
—En efecto, ¿qué será de ellos? —respondió Banks.
Todos estábamos tristemente alarmados y no podÃamos hacer nada para auxiliar al capitán Hod y a sus compañeros, amenazados tan seriamente.
En efecto, si habÃan encontrado algún abrigo, no podÃa ser sino bajo los árboles, y sabido es cuántos peligros se corren en estas condiciones durante una tempestad. En medio de aquel bosque tan denso, ¿cómo habrÃan podido colocarse a cinco o seis metros de la vertical que pasa por el extremo de las ramas más largas, como se recomienda a las personas que se hallan sorprendidas en las inmediaciones de los árboles?
Todas estas reflexiones me ocurrÃan cuando un trueno más seco que los otros estalló de repente, medio segundo después de haber brillado el relámpago.