La casa de vapor
La casa de vapor El chital es una especie de leopardo propio de la India, menor que el tigre, pero casi tan temible por lo vivo, flexible de espinazo y robusto de miembros. El coronel Munro, Banks y yo, de pie en la galerÃa, observábamos y esperábamos el disparo del capitán.
Evidentemente, el leopardo se habÃa engañado a la vista de nuestro elefante y, creyéndole de carne y hueso, se habÃa precipitado sobre él; pero donde creÃa hallar carne en que hundir sus garras o sus dientes, se encontró con el metal, al cual ni garras ni dientes servÃan. Furioso con el chasco que se habÃa llevado, se agarraba a las largas orejas del falso animal, e iba a abandonarlas sin duda cuando nos vio.
El capitán Hod seguÃa apuntándole como un cazador seguro del golpe que va a dar y que no quiere soltar el tiro sino en el momento oportuno y para que la bala dé en el sitio que desea.
El chital se enderezó rugiendo. Sin duda comprendió el peligro, pero no querÃa huir de él. Quizá buscaba también el momento favorable para lanzarse sobre la galerÃa.
En efecto, le vimos en breve trepar a la cabeza del elefante, abrazar con sus patas la trompa que servÃa de chimenea y subir hasta su orificio, de donde se escapaban bocanadas de vapor.
—Tire usted, Hod —dije yo otra vez.
—Tengo tiempo —repitió el capitán.