La casa de vapor
La casa de vapor Un mes después de su llegada al pal de Tandit, creyó poder empezar sus operaciones impunemente. Pensó que se tenía ya por falsa su reaparición en la provincia; sus partidarios le tenían al corriente de todo lo que el gobernador de la provincia de Bombay hacía para buscarle y prenderle. Sabía que durante los primeros días la autoridad había hecho las pesquisas más activas, aunque sin resultado. El pescador de Aurangabad, el antiguo prisionero de Nana Sahib, había caído muerto a puñaladas, y nadie había podido sospechar que el faquir fugitivo fuese el nabab Dandu-Pant, cuya cabeza acababa de ponerse a precio. Una semana después, los rumores desaparecieron: los aspirantes a la recompensa de dos mil libras perdieron toda esperanza, y el nombre de Nana Sahib volvió a ser olvidado.
El nabab podía, pues, aventurarse más, sin temor de ser conocido, y realizar su campaña insurreccional. Unas veces bajo el traje de parsi, otras bajo el de simple labrador, un día solo, otro acompañado de su hermano, comenzaba a alejarse del pal de Tandit, y subir hacia el norte, al otro lado del Nerbudda, y aun más allá de la vertiente septentrional de los Vindya. Un espía que hubiera seguido sus pasos le hubiese encontrado en Indore después del 12 de abril.