La casa de vapor
La casa de vapor Por una deplorable fatalidad, la cabeza de la serpiente cortada en dos pedazos, habÃa saltado sobre su pecho, en el cual se habÃan fijado los dientes del reptil, y el desdichado, penetrado por el sutil veneno, expiraba en menos de un minuto, sin que fuera posible prestarle ayuda.
Aterrados por aquel horrible espectáculo, nos precipitamos hacia el coronel Munro.
—¿No te ha tocado? —preguntó Banks, que le cogió precipitadamente la mano.
—No, Banks, tranquilÃzate —respondió sir Edward Munro.
—Gracias, amigo mÃo.
—¿Cómo te llamas? —preguntó el coronel Munro al indio que le habÃa salvado la vida.
—Kalagani —respondió el indio.