La casa de vapor
La casa de vapor —Pero —pregunté yo—, cuando los animales han caÃdo en la trampa, ¿cómo hace usted para sacarlos de ella?
—Traigo una jaula con ruedas hasta la puerta —respondió Van Guitt—, y los presos entran en ella por sà mismos. Asà no tengo más trabajo que volverlos a llevar al kraal al paso tranquilo y lento de mis búfalos domesticados.
Apenas habÃa acabado esta frase, cuando se oyeron gritos al exterior de la trampa. Nuestro primer movimiento fue precipitamos fuera, principalmente el capitán Hod y yo.
¿Qué habÃa ocurrido?
Una serpiente látigo, de la especie más maligna, acababa de ser cortada en dos pedazos por el cuchillo que un indio llevaba en la mano, y esto en el momento mismo en que el venenoso reptil se lanzaba sobre el coronel. Aquel indio era el que me habÃa llamado la atención. Su intervención rápida habÃa salvado sin duda alguna al coronel Munro de una muerte inmediata, como pudimos observar en el acto.
En efecto, los gritos que habÃamos oÃdo procedÃan de uno de los servidores del kraal, que se retorcÃa en el suelo preso de las últimas contorsiones de la agonÃa.