La casa de vapor
La casa de vapor El coronel Munro acogió benévolamente a estos indígenas, algunos de los cuales recorren habitualmente los territorios del Nepal hasta el límite indo-chino. La conversación giró por un instante sobre aquella parte de la frontera en que Nana Sahib había buscado asilo después de la derrota de los cipayos, cuando se vio perseguido en todo el territorio de la India. Los montañeses no sabían, en suma, sino lo que nosotros sabíamos. Había llegado hasta ellos el rumor de la muerte del nabab y no lo dudaban. En cuanto a los compañeros de Nana Sahib que habían sobrevivido, no se había vuelto a hablar de ellos. Quizá habían ido a buscar refugio más seguro en las profundidades del Tibet; pero en aquel país hubiera sido difícil encontrarlos.
En realidad, si el coronel Munro, al subir hacia el norte de la península, había tenido el pensamiento de poner en claro todo lo que tocaba de cerca o de lejos a Nana Sahib, esta respuesta era muy a propósito para hacerle renunciar a su idea. Sin embargo, oyendo hablar a los montañeses permaneció pensativo y no tomó parte en la conversación.