La casa de vapor
La casa de vapor En efecto, nada mejor podíamos hacer que seguir a Kalagani, y esto fue lo que hicimos.
No es dudoso que las fieras abunden en el Tarryani, y allí, como en todos los demás puntos, cada una no necesita menos de dos bueyes por semana para su consumo particular. Calcúlese lo que esta manutención cuesta a la península entera.
Pero si abundan los tigres no por eso debe imaginarse que corretean por el territorio sin necesidad. Cuando no están excitados por el hambre, permanecen ocultos en sus guaridas y sería un error creer que se les encuentra a cada paso. ¡Cuántos viajeros han recorrido los bosques y los matorrales sin haber visto uno siquiera!
Por eso, cuando se organiza una caza hay que empezar por reconocer los pasos habituales de las fieras y sobre todo descubrir el arroyo o la fuente adonde ordinariamente van a beber. Por lo general, tampoco basta esto, sino que hay que atraerlos al sitio de caza, lo cual se consigue fácilmente poniendo un cuarto de buey atado a un poste en algún sitio rodeado de árboles o de rocas, que puedan servir de abrigo al cazador. Así a lo menos se procede en el bosque.