La casa de vapor
La casa de vapor El monzón había terminado con la estación de las lluvias, cuyo periodo no se prolonga más allá del mes de agosto. Los primeros días de septiembre prometían una temperatura agradable, que podía hacer menos penosa esta segunda parte del viaje.
Durante la segunda semana de nuestra estancia en el sanitarium, Fox y Gumí tuvieron que ser los proveedores cotidianos de la despensa. Acompañados de los dos perros recorrieron aquella zona media donde pululan las perdices, los faisanes y las avutardas, volátiles que, conservados en hielo en la «Casa de Vapor», debían proporcionarnos excelentes platos para la comida.
Dos o tres veces todavía fuimos a visitar el kraal. Allí también Mathias Van Guitt estaba ocupado en los preparativos de su marcha para Bombay, mirando las dificultades como un filósofo que se sobrepone a las pequeñas o grandes miserias de la existencia.