La casa de vapor
La casa de vapor Se fijó, pues, la partida para dentro de ocho días, o sea, para el tres de septiembre, porque convenía dejar al capitán Hod el tiempo necesario para que su herida acabara de curarse, y, por otra parte, el coronel Munro, visiblemente fatigado por aquella excursión por un país difícil, necesitaba unos días de reposo. Entretanto, Banks hacía sus preparativos y en ellos tenía bastante ocupación para toda la semana, porque se trataba de volver a poner el tren en estado de bajar a la llanura y tomar el camino del Himalaya a la presidencia de Bombay.
Desde luego, convinimos en modificar por segunda vez el itinerario para evitar las grandes ciudades del noroeste, Mirat, Delhi, Agra, Gwalior, Jansi y otras en las cuales la rebelión de mil ochocientos cincuenta y siete había producido grandes desastres. Con los últimos rebeldes de la insurrección debía desaparecer todo lo que podía traerla a la memoria del coronel Munro. Nuestras casas de ruedas atravesarían, pues, las provincias sin detenerse en las ciudades principales; pero el país, por su hermosura natural, merecía la pena de ser visitado.
El inmenso reino de Scindia, bajo este punto de vista, no cede a ningún otro. Delante de nuestro Gigante de Acero iban a abrirse los más hermosos caminos de la península.