La casa de vapor
La casa de vapor Todo el material de la casa de fieras se desprendió del tren, y la «Casa de Vapor», transformada en aparato flotante, atravesó fácilmente de una a otra orilla del río.
Pero no ocurrió lo mismo con el tren de Mathias Van Guitt. Hubo que apelar a las barcas y así tuvieron que atravesar las jaulas, una después de otra, los dos ríos. El paso exigió algún tiempo, pero se verificó sin gran dificultad.
El proveedor no era la primera vez que se veía en tales circunstancias, y su gente había tenido ya que atravesar muchos ríos para llegar a la frontera del Himalaya.
Por último, el diecisiete de septiembre, llegamos sin incidente digno de mención al ferrocarril de Delhi a Allahabad, a menos de cien pasos de la estación de Etawah.
Allí, nuestro convoy debía dividirse en dos partes que no estaban destinadas a volverse a reunir.
La primera debía continuar bajando hacia el sur a través de los territorios del vasto reino de Scindia, dirigiéndose hacia los Vindya, y de allí a la presidencia de Bombay.
La segunda, colocada sobre las plataformas del ferrocarril, debía ir a Allahabad y de allí, por el ferrocarril de Bombay, al litoral del mar de las Indias.