La casa de vapor
La casa de vapor Después añadió:
—¿Quiere usted que le indique de un modo general la dirección que debemos seguir?
—Diga usted.
Banks extendió entonces sobre la mesa un mapa que representaba aquella parte de la India, a fin de averiguar la exactitud de las noticias de Kalagani.
—Nada más sencillo —dijo el indio—. Una lÃnea casi recta va a conducimos desde el ferrocarril de Delhi al de Bombay, que se junta en Allahabad. Desde la estación de Etawah, de donde acabamos de salir, hasta la frontera del Bundelkund, no tendremos que atravesar más que un rÃo de importancia, que es el Yamuna, y desde esta frontera hasta los montes Vindya, otro rÃo, que es el Betwa. En caso de que estos dos rÃos hubieren salido de madre durante la estación de las lluvias, creo que el tren flotante no tendrá dificultad para cruzar de una a otra orilla.
—No habrá ninguna dificultad seria —respondió el ingeniero—, y luego que lleguemos a los Vindya…
—Nos inclinaremos un poco al sureste para elegir una garganta practicable. Allà tampoco se opondrá a nuestra marcha ningún obstáculo; conozco un paso cuyas cuestas son suaves, que es la garganta de Sirgur, por donde pasan con frecuencia los carruajes.
—Por donde pasen caballos —dije yo—, ¿puede pasar también el Gigante de Acero?