La casa de vapor
La casa de vapor —Entendido —respondió Banks—. No veo ningún obstáculo serio en atravesar los Vindya, y este itinerario nos conviene. A los servicios que ya nos ha prestado usted, Kalagani, acaba de añadir otro que no olvidaremos.
Kalagani hizo una zalema e iba a retirarse cuando, tras pensarlo un poco, se volvió hacia el ingeniero.
—¿Tiene usted algo que preguntarme? —dijo Banks.
—SÃ, señor —respondió el indio—. QuerÃa preguntar a ustedes por qué desean tan particularmente evitar la entrada en las principales ciudades del Bundelkund.
Banks me miró. No habÃa ninguna razón para ocultar a Kalagani lo que concernÃa a sir Edward Munro, y por eso le pusimos al corriente de la situación del coronel.
Kalagani escuchó con gran atención lo que le dijo el ingeniero, y después, en tono que indicaba cierta sorpresa, añadió:
—El coronel Munro no tiene nada que temer de Nana Sahib, a lo menos en estas provincias.
—Ni en estas provincias ni en ninguna —respondió Banks—. ¿Por qué dice usted en estas provincias?