La casa de vapor
La casa de vapor —Munro —dijo entonces Banks—, quédate en el campamento con Gumà y los otros, y mientras tanto, Hod, MacNeil, Kalagani y yo iremos a hacer un reconocimiento.
—¿Vienen ustedes? —dijo el capitán Hod, quien hizo una seña a Fox de que le acompañase.
Fan y Black, que ya habĂan penetrado entre los primeros árboles, mostraban el camino. No habĂa que hacer más que seguirles.
Apenas habĂamos entrado en el bosque, oĂmos un ruido de pasos. Evidentemente, por la linde de nuestro campamento pasaba una tropa numerosa. Algunas sombras silenciosas parecĂan huir a travĂ©s de la espesura.
Los dos perros, corriendo y ladrando, iban y venĂan a pocos pasos delante de nosotros.
—¿Quién va? —gritó el capitán Hod.
No obtuvo respuesta.
—O esa gente no quiere responder —dijo Banks—, o no entienden el inglés.
—Pero entenderán el indio —dije yo.
—Kalagani —dijo Banks—, dĂgales usted en indio que si no responden haremos fuego.
Kalagani, en el idioma particular de los indĂgenas de la India central, cumpliĂł la orden del ingeniero.
Tampoco obtuvo respuesta.