La casa de vapor
La casa de vapor Los thugs, de horrible memoria, de los cuales parece haberse librado ya el Indostán, han dejado, sin embargo, sucesores dignos de ellos en los dacoits, especie de thugs transformados. Los procedimientos asesinos de estos malhechores han cambiado; el objeto de los criminales no es ya el mismo, pero el resultado es idéntico: el homicidio premeditado, el asesinato.
No se trata ya, sin duda, de ofrecer una vÃctima a la feroz Kali, diosa de la muerte. Si estos nuevos fanáticos no proceden por estrangulación, por lo menos envenenan para robar. A los estranguladores han sucedido criminales más prácticos, pero igualmente terribles.
