La casa de vapor

La casa de vapor

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Supo después Kalagani a qué atenerse cuando, no por casualidad ciertamente, encontró a uno de sus antiguos compañeros en la caravana de los banjaris. Era de suponer que supiese entonces la verdad exacta. De todos modos, el traidor no abandonó sus odiosos designios, como si hubiera de proseguir por su cuenta los proyectos del nabab.

Por eso la «Casa de Vapor» continuó su camino por los desfiladeros de los Vindya, y, después de los incidentes ya referidos, los viajeros llegaron a las orillas del lago Puturia, en el cual les fue preciso buscar asilo.

Allí, cuando Kalagani quiso dejar el tren flotante bajo pretexto de ir a buscar recursos a Yubbulpore, empezó a dar que sospechar. Por dueño que fuese de sí mismo, un simple fenómeno fisiológico, que no pudo ocultarse a la perspicacia del coronel, le había hecho sospechoso y ya sabemos que las sospechas de sir Edward Munro estaban demasiado justificadas.

Se le dejó marchar, pero se le agregó como compañero a Gumí. Ambos se lanzaron a las aguas del lago, y una hora después habían llegado a la orilla sureste del Puturia.

Al salir del agua marcharon de concierto en aquella oscura noche, el uno desconfiando del otro y el otro sin saber que era objeto de sospechas. La ventaja estaba entonces por Gumí.


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