La casa de vapor
La casa de vapor Este, sorprendido, no había podido intentar nada, y, por otra parte, reflexionó que, muerto Kalagani, tampoco habría podido hacer nada contra una banda de indios que debía reunirse a consecuencia de aquel grito. Su presentimiento le aconsejó huir para librarse de sus compañeros, permanecer libre, volver al lago y tratar de llegar a nado al Gigante de Acero para impedirle que atracase en la costa.
Así, pues, no vaciló, y en el momento en que Kalagani se reunía con Nassim, que le había respondido, se lanzó a un lado del camino y desapareció entre la maleza.
Cuando Kalagani volvió con su cómplice, intentó desembarazarse del compañero que le había impuesto el coronel Munro. Gumí no se encontraba ya allí; Nassim, que era el jefe de una banda de dacoits, adicto a la causa de Nana Sahib, cuando supo la desaparición de Gumí lanzó sus hombres entre los matorrales, queriendo a todo precio apoderarse del atrevido servidor que había logrado huir.
Los esfuerzos de los dacoits fueron inútiles. Gumí, ya se hubiera perdido en la oscuridad, ya hubiera encontrado alguna cueva donde refugiarse, había desaparecido, y fue preciso renunciar a encontrarle.