La casa de vapor
La casa de vapor En efecto, aquella tarde el coronel Munro se hallaba solo, desarmado en su presencia y a su disposición.
Trocadas las primeras palabras, aquellos dos hombres se miraron un instante en silencio.
De repente, el recuerdo de lady Munro se presentó más vivamente a los ojos del coronel, y afluyendo la sangre a su cabeza, se lanzó sobre el asesino de los prisioneros de Cawnpore.
Nana Sahib se contentó con dar dos pasos atrás.
Tres indios se arrojaron súbitamente sobre el coronel y le detuvieron, aunque con algún trabajo. Sir Edward Munro recobró después su serenidad, y comprendiéndolo sin duda el nabab, hizo un ademán para que los tres indios se separasen.
Los dos enemigos se encontraron de nuevo frente a frente.