La casa de vapor
La casa de vapor Después se volvió hacia el parapeto para recobrar su punto de apoyo, y luego que llegó se tendió en el suelo y no tardó en dormirse completamente.
Después del inútil esfuerzo del coronel Munro, este recobró cierta especie de tranquilidad. Modificose el curso de sus pensamientos sin que por eso pensara en la muerte que le esperaba. Por una asociación de ideas muy natural pensó en sus amigos, en sus compañeros, preguntándose si habrían caído también en manos de alguna otra banda de los dacoits que pululaban por los Vindya, y si les estaría reservada una suerte igual a la suya. Este pensamiento le oprimía el corazón.
Pero, casi al momento, se dijo a sí mismo que esto no podía ser, porque si el nabab hubiera resuelto su muerte, les habría reunido para someterles al mismo suplicio, habría querido duplicar sus angustias haciéndole presenciar la muerte de sus amigos. No, era solamente sobre él, así lo esperaba, sobre quien quería Nana Sahib descargar todo el peso de su venganza.