La casa de vapor
La casa de vapor El príncipe maharata Dandu-Pant, el hijo adoptivo de Bayi-Rao, peishwah de Puna, en una palabra Nana Sahib, casi el único jefe que había sobrevivido a la rebelión de los cipayos, había podido abandonar su retiro inaccesible del Nepal. Audaz, habituado a los peligros, hábil para burlar las persecuciones, diestro en el arte de confundir su pista, profundamente astuto, se había aventurado hasta las provincias del Nepal impulsado por su odio, siempre vivo, a los europeos, que se había centuplicado a consecuencia de las terribles represalias de la insurrección de 1857.
Nana Sahib odiaba mortalmente a los poseedores de la India. Era el heredero de Bayi-Rao, y cuando este peishwah murió en 1851, la Compañía se negó a continuar en Nana Sahib la pensión de ocho lakhs de rupias (dos millones de francos) que daba a Bayi-Rao. Este fue el origen de aquel odio que debía producir tan graves hechos.