La caza del meteoro
La caza del meteoro —¿El estómago vuelto del revés? —murmuró Mr. Forsyth, pasmado por aquella enfermedad, bastante singular en verdad.
—SÃ, señor —afirmó Mitz, con una voz dolorida—. Es un nudo que tengo en el corazón.
—¡Hura...! —hizo Mr. Dean Forsyth, cuyo asombro no se vio atenuado.
A todo evento, iba a prestar a la enferma los cuidados más usuales en análogas circunstancias: aflojamiento del corsé, vinagre sobre las sienes, un vaso de agua azucarada...
Pero no tuvo tiempo.
La voz de «Omicron» resonó en lo alto de la torre:
—¡El bólido —gritaba «Omicron»—, el bólido!
Mr. Dean Forsyth olvidóse entonces del resto del universo y se precipitó escaleras arriba.
No habÃa acabado de desaparecer cuando ya Mitz habÃa encontrado la plenitud de sus facultades y se habÃa lanzado tras de su amo. Mientras ascendÃa rápidamente, saltando de tres en tres los peldaños de la escalera, la voz de su sirvienta lo perseguÃa vengativa :