La caza del meteoro
La caza del meteoro Esta trayectoria se desarrollaba rigurosamente del Norte al Sur. La débil desviación de 3º 31' señalada por Mr. Dean Forsyth en su carta al observatorio de Pittsburg era sólo aparente, y resultaba de la rotación del Globo terrestre.
Cuatrocientos kilómetros separaban al bólido de la superficie de la Tierra, y su prodigiosa velocidad no era inferior a seis mil novecientos sesenta y siete metros por segundo. Realizaba, pues, su revolución en torno del Globo en una hora, cuarenta y un minutos, cuarenta y un segundos y noventa y tres centésimas, de lo cual podía inferirse, según los inteligentes, que no volvería a pasar por el cénit de Whaston hasta transcurrir ciento cuatro años, ciento sesenta y seis días y veintidós horas.
Este hecho tranquilizó a los habitantes de la ciudad, que tanto temían la caída del malaventurado asteroide. Si caía, no sería encima de ellos, por fortuna para todos.
Pero, ¿por qué ha de caer? (preguntaba el Whaston Morning). No hay por qué admitir el encuentro de un obstáculo en su camino, ni que pueda ser detenido en su raudo movimiento de traslación.
Esto era la evidencia misma.