La caza del meteoro
La caza del meteoro Por lo demás, tal vez hubiesen terminado por pensar con indiferencia en este incidente cósmico que el Punch se empeñaba en llamar «cómico», si los periódicos, con alusiones más o menos claras, no hubiesen dado a conocer la rivalidad de Mr. Dean Forsyth y del doctor Hudelson. Esto dio nuevo incremento a los chismes y comentarios; todo el mundo se apresuró a aprovecharse de esta ocasión de disputa, y la ciudad toda comenzó a dividirse en dos bandos.
A todo esto, la fecha del matrimonio iba acercándose. Mrs. Hudelson, Jenny y Loo, de una parte; Francis Gordon y Mitz, de la otra, vivían en una inquietud creciente. Continuamente estaban temiendo un estallido provocado por el encuentro de los dos rivales, del mismo modo que el encuentro de dos nubes cargadas de potenciales contrarios hace saltar la chispa y brotar el rayo. Sabíase que Mr. Forsyth no se calmaba y que el furor del doctor Hudelson buscaba todas las ocasiones de manifestarse.
El cielo estaba, por lo general, hermoso, la atmósfera pura, y ambos astrónomos podían, por tanto, efectuar sus observaciones. No les faltaban ocasiones, ya que el bólido reaparecía sobre el horizonte más de catorce veces diarias, y ya que ahora conocían, merced a las determinaciones de los observatorios, el punto preciso hacia el que debían dirigir los objetivos de sus aparatos.