La caza del meteoro
La caza del meteoro Y aún se desprecian los céntimos, observó humorÃsticamente el Punch, al citar esos números prodigiosos, que la imaginación es incapaz de concebir.
El tiempo, no obstante, seguÃa manteniéndose hermoso, y Mr. Dean Forsyth y el doctor Hudelson se obstinaban más que nunca en proseguir sus investigaciones, sostenidos por la esperanza de ser, cuando menos, el primero en determinar con precisión las dimensiones del núcleo asteroidal. Por desgracia, era muy difÃcil percibir sus contornos en medio de su brillante cabellera.
Sólo una vez, en la noche del 5 al 6, Mr. Dean Forsyth se creyó a punto de conseguirlo. La irradiación habÃa cesado un momento, dejando aparecer ante las miradas un globo de brillo intenso.
—i*Omicron»! —llamó Mr. Dean Forsyth, con voz quebrada por la emoción.
—¡Señor!
—¡El núcleo!
—SÃ... Ya lo veo.
—¡Por fin..., ya lo tenemos!
—¡Bueno! —exclamó «Omicron»—. ¡Ya no se le distingue!
—¡No importa, yo le he visto...! ¡Habré tenido esa gloria...! Mañana, a primera hora, un despacho al observatorio de Pittsburg..., y ese miserable Hudelson no podrá pretender esta vez...