La caza del meteoro
La caza del meteoro De las consideraciones que preceden debemos necesariamente inferir, hallándose fuera de duda la composición quÃmica del bólido, o bien que existen vastas cavidades en el metal que constituye el núcleo, o, lo que es más verosÃmil, que ese metal se encuentra reducido a polvo, siendo el núcleo en ese caso de una forma análoga a la de una esponja.
Sea ello lo que quiera, los cálculos y las observaciones permiten precisar más exactamente el valor del bólido. Este valor, al curso actual del oro, no serÃa inferior a cinco mil setecientos ochenta y ocho millares de millones de francos.
Por lo tanto, si no eran cien metros, como habÃa supuesto el Whaston Evening, tampoco eran diez como habÃa admitido el Standard. La verdad se encontraba entre ambas hipótesis; por lo demás, tal como era, serÃa capaz de satisfacer las más ambiciosas aspiraciones, si el meteoro no se hallaba destinado a trazar una trayectoria eterna alrededor del globo terrestre.
Cuando Mr. Dean Forsyth conoció el valor de su bólido, gritó:
—Yo soy quien lo ha descubierto, y no ese granuja de doctor Hudelson; a mà es a quien pertenece, y si llegase a caer sobre la Tierra, yo serÃa fabulosamente rico.
El doctor Hudelson, por su parte, repetÃa, tendiendo un brazo amenazador hacia la torre: