La caza del meteoro
La caza del meteoro —Es un bien mÃo, es una cosa mÃa..., es la herencia de mis hijos, que se halla gravitando en el espacio. ¡Si llegase a caer sobre nuestro Globo, me pertenecerÃa en toda propiedad, y yo serÃa muchas veces millonario!
Francis y Mrs. Hudelson preveÃan bien la manera como iba a acabar todo aquello. Pero ¿cómo mantener a ambos rivales en una pendiente tan resbaladiza? Imposible conversar tranquilamente con ellos. ParecÃan haber olvidado el proyectado matrimonio y no pensaban más que en su rivalidad, tan deplorablemente alimentada por los periódicos de la ciudad.
Los artÃculos de esos periódicos, bastante tranquilos de ordinario, llegaron a manifestarse furiosos, acometedores.
El Punch, por su parte, con sus epigramas y sus caricaturas, no cesaba de excitar a ambos enconados adversarios.
HabÃa llegado el caso de temer que Mr. Dean Forsyth y el doctor Hudelson quisiesen disputarse el bólido con las armas en la mano y arreglar la cuestión en un duelo a la americana.