La caza del meteoro
La caza del meteoro —Pero ese bólido se halla a cuatrocientos kilómetros del suelo, según acabas de decir tú mismo. Supongo que no tendrás la pretensión de elevarte hasta allá...
—¿Para qué, si puedo hacerle caer?
—¿El medio?
—Yo lo tengo; eso basta.
—¡Lo tienes...! ¡Lo tienes...! ¿Cómo podrás tú obrar sobre un cuerpo tan distante? ¿Dónde tomarás tu punto de apoyo? ¿Qué fuerza pondrás en juego?
—SerÃa muy largo el explicarle a usted esto —respondió Zephyrin Xirdal—, y, por lo demás, bien inútil; no comprenderÃa usted una palabra.
—Muy bondadoso —dijo sin enfadarse y dando las gracias Monsieur Lecorue.
A su instancia, consintió, no obstante, su ahijado en dar algunas sucintas explicaciones; explicaciones que el narrador de esta singular historia va a resumir, sin declararse en pro ni en contra de ellas.