La caza del meteoro
La caza del meteoro —Nada más —afirmó John Proth, mientras Kate miraba el cielo con ojos soñadores.
Cuando descendió de nuevo a la Tierra, percibió a la entrada de Exeter Street un grupo de dos personas, sobre el que llamó la atención de su amo.
—Mire, señor, las dos señoras que esperan allí.
—Ya las veo, Kate.
—Observe a una de ellas, la mayor... Aquella que da señales de impaciencia.
—Se impacienta, en efecto... Pero yo no sé quién es esa señora.
—¡Cómo, señor! ¡Es aquella que vino a casarse ante usted hace dos meses, sin bajarse del caballo!
—¿Miss Arcadia Walker? —preguntó John Proth.
—Mrs. Stanfort, ahora.
—Ella es, en efecto.
—¿Qué viene a hacer aquí esa señora?
—Lo ignoro en absoluto —respondió Mr. Proth—, y añado que no daría un céntimo por saberlo.
—¿Tendrá nuevamente necesidad de nuestros servicios?