La caza del meteoro
La caza del meteoro —Tengo yo al doctor por un miserable, y jamás daré mi consentimiento para tu matrimonio con la hija de un Hudelson.
Y casi a la misma hora el susodicho doctor Hudelson cortaba las lamentaciones de su hija, y se expresaba en los siguientes términos:
—El tÃo de Francis es un malvado, y jamás mi hija se casará con el sobrino de un Forsyth.
Esto era terminante y categórico, y no quedaba otro remedio que resignarse.
El injuriarse no constituye, empero, una solución. Cuando se está en desacuerdo, no hay sino obrar como todo el mundo en semejante caso y remitir el asunto a la Justicia. Esto es lo mejor; este es el único medio de zanjar diferencias.
Ambos antagonistas habÃan acabado por convenir en ello.
A eso se debió que el 16 de mayo una citación para comparecer ante el tribunal del estimable Mr. John Proth, al dÃa siguiente, habÃa sido dirigida por Mr. Dean Forsyth al doctor Hudelson, y una citación idéntica habÃa sido inmediatamente enviada por el doctor Hudelson a Mr. Dean Forsyth; y por esto, aquella mañana del 17 de mayo, una enorme multitud habÃa invadido el tribunal.