La caza del meteoro
La caza del meteoro La situación cambió por completo cuando comprobaron la desviación del asteroide. Una cuestión más candente que las otras se impuso en seguida a su espÃritu.
¿A quién pertenecerÃa el bólido después de su caÃda?
—¡A mÃ! —habÃa dicho sin vacilar Mr. Dean Forsyth—; ¡a mÃ, que fui el primero en señalar su presencia en el horizonte de Whaston!
—¡A mÃ! —habÃa exclamado con igual convicción el doctor Hudelson—, toda vez que soy el autor de su descubrimiento!
No habÃan dejado de hacer valer en la Prensa estas pretensiones, contradictorias e inconciliables. Durante dos dÃas los periódicos de Whaston habÃan llenado sus columnas con la prosa furiosa de los dos adversarios. Lanzáronse éstos a la cabeza los epÃtetos más malsonantes a propósito del bólido inaccesible, que parecÃa verdaderamente burlarse de ellos desde las alturas.
Compréndese que en semejantes condiciones no era posible tratar del proyectado matrimonio. AsÃ, la fecha del 15 de mayo pasó sin que Francis y Jenny hubiesen dejado de ser prometidos.
¿Hallábanse siquiera en condiciones de poderse llamar prometidos? Mr. Dean Forsyth habÃa respondido textualmente a su sobrino, que habÃa hecho una última tentativa: