La caza del meteoro
La caza del meteoro Siendo Miss Arcadia Walker una persona verdaderamente encantadora, no nos desagradará hacer de ella un rápido bosquejo. Edad, veinticuatro años; ojos, azul pálido; cabellos de un castaño oscuro; en la tez, una frescura que apenas alteraba el soplo del viento; dientes de una blancura y de una regularidad perfectas; estatura un poco más que mediana; maravillosa apostura; los movimientos de una rara elegancia, suaves y nerviosos a la vez. Bajo la amazona con que iba vestida, prestábase con gracia exquisita a los movimientos de su caballo, que piafaba como el de Seth Stanfort. Sus manos, finamente enguantadas, jugaban con las riendas, y un conocedor habrÃa adivinado en ella una hábil écuyére. Toda su persona llevaba el sello de una extrema distinción, con un no sé qué peculiar de la clase elevada de la Unión, lo que podrÃa llamarse la aristocracia americana, si esa palabra casara con los instintos democráticos de los naturales del Nuevo Mundo.