La caza del meteoro
La caza del meteoro Considerando, por otra parte, que Mr. Hudelson declara haber visto el mismo bólido a la misma hora, al mismo minuto y al mismo segundo...
—¡SÃ...! ¡SÃ! —gritaron los partidarios de Mr. Forsyth, golpeando el suelo con el pie.
Pero visto que la instancia reposa sobre una cuestión de minutos y de segundos y que es de orden exclusivamente cientÃfico;
Por tal motivo nos declaramos incompetentes y condenamos a ambas partes solidariamente a las costas.
Era evidente que el magistrado no podÃa responder de otra manera.
Pero ni los litigantes ni sus partidarios respectivos creÃan que el asunto debÃa terminar de esa suerte. Si el juez Proth habÃa esperado verse libre con una declaración de incompetencia, le fue preciso renunciar a esa esperanza.
Dos voces dominaron el murmullo unánime que habÃa acogido la lectura del juicio.
—¡Pido la palabra! —gritaban a un tiempo los señores Forsyth y Hudelson.
—Aun cuando no tenga por qué volver de mi acuerdo —respondió el magistrado, con aquel tono amable que nunca abandonaba, ni aun en las circunstancias más graves—, concedo de buen grado la palabra a Mr. Dean Forsyth y al doctor Hudelson, a condición de que ambos consentirán en no usar de ella sino uno después de otro.