La caza del meteoro
La caza del meteoro Quedaba ahora el trasladarse a la estación... ¿Cómo transportar su equipaje...?
Monsieur Robert Lecoeur apareció en el umbral.
—¿Estás ya dispuesto? —preguntó.
—Le estaba esperando, como usted ve —respondió con gran candor Zephyrin Xirdal, que se había olvidado totalmente de que su padrino debía acompañarle.
—En marcha, pues... ¿Cuántos bultos tienes?
—Tres: mi máquina, mi anteojo y mi maleta.
—Dame uno y coge tú los otros dos. Abajo tengo el coche.
—¡Hombre, qué buena idea! —dijo, admirado, Zephyrin Xirdal, cerrando tras sí la puerta de su casa.
Y tío y sobrino bajaron a la calle.